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Kristine Opolais

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Conciertos
1h 39m
Italiano
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La crítica la alaba y el público la adora - Kristine Opolais, la primadonna y estrella de la Metropolitan Opera de Nueva York en un espléndido concierto en solitario en la Ópera Nacional de Letonia. El programa incluye arias de óperas que han dado a Kristine fama internacional y piezas que se incluirán en su futuro repertorio.

 

El hermoso programa, dedicado en su mayor parte a la música italiana, anima a soñar con el amor y a reflexionar sobre lo verdaderamente importante, llegando al corazón de muchas maneras.

Director musical | Sesto Quatrini

Soprano | Kristine Opolais

Orquesta Sinfónica Nacional de Letonia

 

Programa


Giuseppe Verdi

Obertura de Luisa Miller

"O salce" y "Ave Maria" de Desdémona, de Otello, Acto IV

Aria de Aida, Acto I

Obertura de La forza del destino

 

Alfredo Catalani

Aria de Wally, de La Wally, Acto I

 

Pietro Mascagni

Intermezzo de L'amico fritz

 

Arrigo Boito

Aria de Margherita, de Mefistofele, Acto III

 

Giacomo Puccini

Aria de Cio-Cio-San, de Madama Butterfly, Acto II

Aria de Manon, de Manon Lescaut

 

Camille Saint-Saëns

"Bacchanale", de Sansón y Dalila, Acto III

 

Giacomo Puccini

Aria de Cio-Cio-San, de Madama Butterfly, Acto III

"O mio babbino caro", de Gianni Schicchi

CONTENIDO RELACIONADO

Ópera
La Fenice
Giuseppe Verdi
Maurizio Benini, Arnaud Bernard

Basado en la obra de Schiller Kabale und Liebe (Intriga y amor), el trágico melodrama de Verdi Luisa Miller gira en torno a los amores de la heroína del título y de Rodolfo, hijo del conde Walter, y a las maquinaciones del mayordomo del conde, Wurm, que quiere a Luisa para sí, con el resultado de la muerte de los tres. Dirigida por Arnaud Bernard, que se inspiró en la película 1900 de Bernardo Bertolucci de 1976, esta producción de La Fenice está protagonizada por la extraordinaria soprano búlgara Darina Takova, cuya intensa caracterización de Luisa pone de relieve la tortura interior de la heroína, y por Giuseppe Sabbatini, que aporta una emocionante teatralidad al papel de Rodolfo, especialmente en el aria más famosa de la ópera, "Quando le sere al placido".

 

Con la colaboración de Naxos.

Ópera
Teatro Real (España)
Giacomo Puccini
Marco Armiliato, Mario Gas

Madama Butterfly, de Giacomo Puccini, una de las óperas más representadas en los escenarios de todo el mundo. La trágica historia de la geisha Cio Cio San, mejor conocida como Madama Butterfly emociona a cualquier público por el talento innato de Puccini. Una historia que narra la dura lucha entre dos civilizaciones irreconocibles. La historia está situada, esta vez, de una manera diferente a través de la dirección de escena de Mario Gas que sitúa la narración en un plató de cine de los años 30, con el que propone tres perspectivas simultáneas para poder disfrutar aún más de este clásico conmovedor firmado por Giacomo Puccini.

 

Las esposas temporales eran una realidad extendida en el Japón de finales del XIX. Occidente, con Estados Unidos a la cabeza, había establecido relaciones diplomáticas y comerciales con el país a mediados de siglo, y la fascinación por la cuna de las geishas se había extendido como la pólvora. La influencia de Oriente –un oriente imaginado desde la lejanía– se plasmaría en obras de una amplia paleta de artistas europeos y norteamericanos, y seguiría nutriendo la vida cultural occidental hasta bien entrado el siglo XX. En esta línea, el personaje de Butterfly es una cruda encarnación del conflicto entre dos civilizaciones irreconciliables, una de las cuales avasalla a la otra. Hombre de finísimo instinto teatral, Puccini retrata de manera magistral la fragilidad de una geisha enamorada que ingenuamente se cree correspondida por un apuesto oficial de la marina norteamericana, en una partitura en la que se evocan melodías japonesas tradicionales convenientemente armonizadas. El fiasco que supuso el estreno de Madama Butterfly en Milán no hizo cejar al compositor en su empeño de sacar adelante la que él mismo consideró su obra más sincera y expresiva. El tiempo acabaría dándole la razón. Mario Gas sitúa la historia en un plató cinematográfico en los años 30 y propone tres perspectivas simultáneas a través de las cuales vivir este drama conmovedor: la ópera en sí, la grabación cinematográfica que se hace de la misma y su reproducción en blanco y negro en una gran pantalla.

Ópera
Festspielhaus Baden-Baden
Giacomo Puccini
Sir Simon Rattle, Richard Eyre

El hecho de que la Filarmónica de Berlín haya recurrido a Puccini -este compositor tan querido y a la vez tan condenado al ostracismo- es simbólico. Se trata de alguien que durante mucho tiempo se pensó que estaba pasado de moda, pero en realidad hay mucho más que descubrir sobre él y su obra. La historia de quien se convierte en modelo pero sigue siendo una niña, es muy contemporánea.

 

Ópera
Los Angeles Opera
Giacomo Puccini
Grant Gershon, Woody Allen

Gianni Schicchi, de Puccini, se estrenó en la Metropolitan Opera de Nueva York en 1918. La tercera parte de su Il trittico es una ópera cómica basada en un episodio de la Divina Comedia de Dante -la divertida y juguetona representación de un astuto glotón- que pronto se convirtió en un gran éxito con el público. Su lenguaje musical es definitivamente el más atrevido y moderno del Trittico. Esta obra maestra de la opera buffa italiana está llevada a escena por nada menos que Woody Allen, con un mordaz sentido del humor que la hace realmente especial.

Ópera
Inolvidables
Camille Saint-Saëns
Luis Antonio García Navarro, Beni Montresor

Sansón y Dalila es un representativo ejemplo de ese exotismo que en el s. XIX actuó como una de las principales corrientes de la imaginación francesa. La única de sus trece óperas que se ha mantenido en el repertorio, en ella Saint-Saëns se adhiere a una auténtica tradición escénica en la que se cuentan títulos como L'Africaine de Meyerbeer, Les pêcheurs de perles de Bizet, o Lakmé de Delibes. La conocida trama bíblica es manejada para crear una obra que se sitúa entre el oratorio y la "grand-opéra". Del primero se recoge el sentido estructural, la importancia del coro y cierto estatismo, patente en el Acto I. Del segundo, el tono casi grandilocuente, la espectacularidad de la puesta en escena o la importancia del ballet, así como una envolvente voluptuosidad.

 

Junto a las frecuentes intervenciones corales, cabe destacar los números de Sansón, un tenor de tonalidades heroicas, y especialmente los de Dalila, uno de los papeles más importantes asignados a la voz de mezzosoprano en la historia del género, como el bellísimo "Mon coeur s'ouvre à ta voix", del Acto II. En el orientalismo que domina la brillante ambientación, Saint-Saëns utiliza procedimientos derivados de la música árabe, frecuentemente al Norte de África, y que también se reflejan en el último de sus conciertos para piano, subtitulado "Egipcio" en la Suite Algérienne o en Africa, para piano y orquesta.