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Datos

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Norma - Liceu

Vincenzo Bellini
listado

Ópera
2h 55m
Italiano
FULL HD
Español , Inglés
Producción

Norma (1831), con libreto de Felice Romani, habitual colaborador de Bellini, se basa en la tragedia de Alexandre Soumet Norma ou L’Infanticide de Louis, representada poco antes en París con éxito. Se trata de una actualización, en clave romántica, de algunos temas de la tradición clásica, como el de la sacerdotisa que rompe sus votos por amor (La Vestale de Spontini, 1807) y el infanticidio como venganza (Medea de Cherubini, 1797). La ambientación en el mundo de los druidas de la Galia y los amores de una sacerdotisa con un militar romano tienen el referente de un episodio de Les Martyrs (1809) de Chateaubriand.

 

La acción se concentra en la unidad de tiempo que exige el teatro clásico y las formas tradicionales del melodrama italiano se integran en un gran cuadro colectivo. La figura de Norma, de una gran complejidad psicológica, se levanta por encima de todos,con una belleza melódica inaudita.

 

Teresa Lloret, filóloga

Tragedia lírica en dos actos

 

Música de Vincenzo Bellini

Libreto de Felice Romani, basado en la tragedia Norma, ou l'infanticide, de Alexandre Soumet

Coproducción del Gran Teatre del Liceu con la Canadian Opera Company, la Chicago Lyric Opera, y la Ópera de San Francisco

Orquestra Simfònica del Gran Teatre del Liceu

Cor del Gran Teatre del Liceu

 

Equipo artístico


Director musical | Renato Palumbo

Director de escena | Kevin Newbury

Reposición | R. B. Schlather

Escenógrafo | David Korins

Figurinista | Jessica Jahn

Iluminación | D. M. Wood

Asistente de la dirección de escena | Albert Estany

Asistente de escenografía | Amanda Sthephens

Director del coro | Peter Burian

Concertino | Liviu Morna

Asistente de la dirección musical | Gueràssim Voronkov

 

Reparto


Pollione | Gregory Kunde

Oroveso | Raymond Aceto

Norma | Sondra Radvanovsky

Adalgisa | Ekaterina Gubanova

Clotilde | Ana Puche

Flavio | Francisco Vas

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Ópera
Teatro Real
Vincenzo Bellini
Maurizio Benini, Emilio Sagi

Il pirata, una de las primeras óperas de Vicenzo Bellini, se estrenaba el 30 de noviembre de 2019 en el Teatro Real, en coproducción con el Teatro alla Scala de Milán. La producción de Emilio Sagi es perfectamente identificable con su estilo. Se pueden ver trazos muy similares a Luisa Fernanda o Las bodas de Fígaro. Esta ópera supone un auténtico desafío vocal para su reparto.

 

Un joven con el arrojo de rebelarse contra la opresión y la injusticia, pero condenado a sufrir una desventura amorosa; su enamorada, casada por obligación con su enemigo, de quien además tiene un hijo; el enemigo en cuestión, encarnación del poder más despótico; duelos a muerte, escenas nocturnas y castillos góticos: todos estos ingredientes, con pequeñas variantes, podrían provenir de una de tantas óperas románticas italianas (y de una buena parte de la literatura europea de la época).

 

Tal vez por ello Il pirata se haya visto a menudo atrapada en un estereotipo que, hasta cierto punto, ha truncado su historia. Sí, todos esos elementos están presentes. Pero también lo está el buen hacer de un compositor que aún no había cumplido la treintena y que, con esta obra, empezaría a poner los cimientos del auténtico melodramma romántico que más tarde viviría su máximo apogeo de la mano de compositores como Gaetano Donizetti y Giuseppe Verdi.

 

Bellini buscó un estilo compositivo deliberadamente innovador y puso particular empeño en lograr una íntima correspondencia entre la música y la narrativa. Il pirata sería el trampolín desde el que Bellini alcanzaría el éxito internacional como maestro del bel canto.

Ópera
Teatro Real
Vincenzo Bellini
Roberto Abbado, Davide Livermore

Norma es la octava ópera de Bellini, y para ella contó con la colaboración de Felice Romani en la elaboración del libreto, basado en la obra teatral del escritor francés Alexandre Sourmet, Norma o el infanticidio quien, a su vez, busca en los clásicos y encuentra en el mito de Medea su mejor fuente de inspiración.

 

A pesar del sonoro fracaso de su estreno en el Teatro alla Scala de Milán, la ópera posee una carga de emoción, una riqueza melódica y una teatralidad que hacen que sea considerada la obra maestra del compositor de Catania y la han convertido en uno de los títulos más queridos de los aficionados al mundo de la lírica.

 

La obra está protagonizada por uno de los personajes más difíciles de interpretar del repertorio belcantista. Norma es una figura compleja que vive múltiples facetas: es gran sacerdotisa, con el poder religioso y político que conlleva; es madre, pero debe ocultar su maternidad y es amante del hombre equivocado. Todas estas situaciones llevadas al límite requieren de una interpretación dramática y agilidad vocal de gran exigencia, que en esta ocasión defendió Maria Agresta en el papel protagonista.

 

Gregory Kunde da vida al romano Pollione y junto con la mezzosopranos Karine Deshayes en el rol de Adalgisa.

 

Norma fue uno de los pocos títulos que el compositor Richard Wagner, detractor inmisericorde de la ópera italiana, respetó y admiró, hasta el punto de componer un aria para el personaje de Oroveso imitando el estilo de Bellini.

Ópera
Teatro Real
Vincenzo Bellini
Evelino Pidò, Emilio Sagi

Conocida como una de las joyas de Romanticismo y piedra preciosa de la lírica se representó, en junio de 2016 por primera vez en el Teatro Real, con un reparto excepcional, que protagonizan entre otros Diana Damrau, Javier Camarena, Venera Gimadieva y Celso Albelo, junto a la Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real.

 

Es ésta la última ópera de Bellini, prematuramente muerto a los 34 años cuando había logrado que la sociedad parisina se rindiera a sus pies y por fin, en un panorama musical dominado por los italianos —desde Rossini a Donizetti, su gran rival — le encargaran una obra que se estrenaría en el Théâtre Italien en 1835. El compositor siciliano optó por una obra histórica que, sobre el fondo de la guerra civil inglesa que enfrentó a Cromwell y los puritanos con los eduardianos, desarrolla una apasionada historia de amor salpicada por la pasión, la traición y la locura. La ópera se centra en una característica heroína romántica, Elvira, que sufre la experiencia de sentirse traicionada incomprensiblemente por su prometido, el mismo día de su boda. Este hecho le provoca un sentimiento tan doloroso e insoportable que su entendimiento no lo puede resistir y enloquece. La locura era una fórmula característica del Romanticismo: la fragilidad física y la marginalidad social de los personajes eran un recurso para hacer más expresiva la fuerza incontenible de los sentimientos. En la estilizada puesta en escena de Emilio Sagi, los personajes aparecen atravesados por la melancolía.

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Con un libreto que apunta ligeramente a la relación que hubo entre el conde de Essex y la reina Isabel I de Inglaterra, Donizetti creó una obra cargada de virtuosismo vocal donde la realidad de la historia se dulcifica bajo las coloraturas belcantistas. Estrenada en el Teatro San Carlo de Nápoles el 29 de octubre de 1837, refleja la desolación de un compositor que había perdido a sus padres, sus dos hijos y a su esposa Virginia.

 

Salvatore Cammarano basó su texto, como en Lucia di Lammermoor, en el drama de una relación fracasada entre la reina Elisabetta (Isabel I de Inglaterra) y Roberto, el conde de Essex, quien ama a Sara, esposa de su amigo el duque de Nottingham. Donizetti depuró su tendencia a la concentración dramatúrgica de afectos y momentos de acción en el espacio más estrecho: la tragedia de dos parejas malogradas está continuamente sostenida por la música. 

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David Alden plantea su puesta en escena de Otello desde la coherencia de la adaptación del texto de Shakespeare que propone Giuseppe Verdi. En el primer acto del dramaturgo inglés, que Verdi suprime, conocemos la grandeza del amor de Desdemona, dama veneciana joven, aristocrática y bella, por ese soldado tan rudo, tan viril, tan moro y tan colérico que es Otello. A este amor se opone su padre, el noble Brabantio, que ya en el primer acto cuestiona cómo su hija ha podido elegir “refugiarse en un pecho tan negro como el vuestro, que da miedo”.

 

De hecho, el amor de Desdemona por Otello se considera arte de magia. En cambio, el amor de Otello por Desdemona se considera como lo más lógico del mundo: Desdemona es tan refinada, tan blanca, tan aristocrática y tan buena cristiana que cualquiera comprende que Otello no pueda menos que amarla. Se aman, pero la diferencia direccional del amor de ambos es innegable. Y es sobre estas diferencias cómo un personaje resentido y diabólico, el alférez Iago, acabará logrando tejer su venganza contra el general Otello por no haberlo ascendido a capitán, como esperaba.

 

La venganza necesita de un resorte mínimo, porque en esencia consiste en hacer creer a Otello lo que ya cree todo el mundo: que no es posible que una dama así se pueda haber enamorado de alguien como él. Resulta por tanto muy fácil hacerle sospechar que la dulce Desdemona se ha enamorado de un hombre de su misma condición, Cassio, que el mismo Iago define como la antítesis de Otello. Y por esto, pese a que Otello tiene un alma noble, pese a que Desdemona está realmente enamorada de él, pese a que Cassio es leal e intachable, la insinuación de Iago da sus frutos y Otello realmente cree que Desdemona le engaña.

 

En el texto teatral, Shakespeare explica la acción dramática a través del tema del racismo, que es la fuerza motriz de la tragedia. Pero tanto el libretista, Arrigo Boito, como Verdi comprenden que la intensidad del drama se puede incrementar todavía más si se logra que el racismo juegue un papel menos visible y el acento se sitúe en la fragilidad de un personaje perfectamente asimilable físicamente a cualquiera de los otros; un personaje vulnerable y dominado por una turbulencia interior. Así, Verdi convierte el racismo en algo muy colateral, apenas mencionado en momentos aislados. Y eso mismo propone David Alden: Otello es un outsider, es “el otro” porque así lo siente en su fuero interno. No tiene por qué ser negro ni físicamente diferente a los demás personajes.

 

Su conflicto es interior y tiene un nombre: inseguridad, que es lo que a tantos hombres ha llevado a cometer las mayores atrocidades. Vemos la trágica desintegración del héroe con horror fascinado, encerrado en el ciclo destructivo del destino. La escenografía alude a un patio chipriota, pero, sobre todo, a un mundo militarizado, brutal, de soldados deshumanizados, en una guerra que les impide responder al amor o la ternura. Y en este contexto, Otello nos coloca ante uno de los miedos más inconfesables del ser humano: no sentirse merecedor de lo que más se ama.

 

Renato Palumbo, que en el Real ha dirigido Les Huguenots, Tosca y La traviata, vuelve con otro título verdiano, de nuevo con la soprano albanesa Ermonela Jaho, que triunfó con su interpretación de La traviata, en 2014. Acompañada por el tenor Gregory Kunde, uno de los más alabados intérpretes del exigente papel de Otello en la actualidad, que también inauguró una de las pasadas temporadas del Real con su aplaudido Roberto Devereux. Junto a ellos, encarnando al sádico y sibilino Iago, el barítono George Petean, participante en la ópera I puritani.