Promo Sabina Puertolas festival perelada
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Sabina Puértolas

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1h 6m
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Producción

Sabina Puértolas es una de las sopranos españolas más internacionales, reconocida y aclamada por sus interpretaciones de un amplio repertorio del bel canto y música barroca. Su proyección, en constante ascenso, la ha llevado a cantar en coliseos como la Royal Opera House de Londres, el Teatro Real, el Gran Teatre del Liceu, el Teatro Municipal de Santiago de Chile, la Ópera de Seattle (EEUU) o el Centro Nacional de Artes Escénicas de Pekín (China). En 2001 debutó en el Teatro alla Scala de Milán bajo la dirección de Riccardo Muti interpretando el papel de Oscar en Un ballo in maschera, de Verdi, y desarrolló desde entonces una intensa carrera internacional. Sus interpretaciones, de gran expresividad y teatralidad, la unen con el alma de sus personajes.

 

Junto al pianista Rubén Fernández Aguirre, la velada ofrecerá canciones, romanzas y arias de óperas como Alcina Rodelinda de Händel, Il turco in Italia de Rossini o Lucia di Lammermoor de Donizetti. El canto elegante, musical y de gran control técnico de Puértolas promete una noche para el recuerdo.

Sabina Puértolas, soprano

Rubén Fernández Aguirre, piano

 

Programa


Isaac Albéniz (1860-1909)

Seis baladas (1888)

  • La lontananza
  • Morirò                                                                                               

 

Georg Friedrich Händel (1685-1759)

“Se´l mio duol non è sì forte” de Rodelinda                       

 

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

“Giunse alfin il momento”, de Le Nozze di Figaro

 

Francesco Cilea (1866-1950)

Preludio de L’Arlesiana  

 

Gioachino Rossini (1792-1868)

“Non si dà follia maggiore”, de Il turco in Italia

 

Vincenzo Bellini (1801-1835)

“Care compagne”, de La Sonnambula

 

Carlos Imaz (1972)

Pinceladas líricas (piano solo)

 

Enrique Granados (1867-1916)

"Mañanica era"

"Gracia mía" 

 

Jesús Guridi (1886 – 1961) 

“Goizeko eguzki argiak”, de Mirentxu

 

Astor Piazzolla (1921-1992)

Verano porteño (piano solo)

“Yo soy María”, de María de Buenos Aires                        

 

Ruperto Chapí (1851-1909)

Carceleras “Al pensar en el dueño de mis amores”, de Las hijas del Zebedeo

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Ópera
Teatro Real
Georg Friedrich Händel
Christopher Moulds, David Alden

El genio musical de Händel y la fantasía extraída de Orlando furioso, el poema épico de Ludovico Ariosto en el que se inspira la historia, convierten a Alcina en una de las más populares óperas del compositor sajón –junto a Ariodante y Orlando, también inspiradas en esta cumbre de la literatura universal– que estrenó en el Covent Garden en 1735.

 

La historia, de ecos homéricos, de la maga Alcina que atrae a los héroes a su isla para seducirles y convertirles después en parte del paisaje, y la lucha de Ruggiero y Bradamante para librarse de la maligna bruja, siguen cautivando por la sutil metáfora que encierra sobre los espejismos que crean el amor y la pasión. En la puesta en escena de David Alden, que debutó en el Teatro Real, el reino mágico de Alcina es el del teatro, construido con referencias al cine de Hollywood, a la revista y a la comedia musical. El final aparentemente feliz en el que Ruggiero se casa de manera totalmente convencional con Bradamante en un barrio periférico, inspira la nostalgia del mundo del teatro en el que reinaba la maga.

Ópera
Teatro Real
Georg Friedrich Händel
Ivor Bolton, Claus Guth

Contra lo habitual en las adaptaciones a libreto de ópera de grandes textos literarios, Antonio Salvi mejora el texto de Pierre Corneille que sirve de base a Haendel para componer su Rodelinda. El tirano Grimoaldo, que ha usurpado el trono de Lombardía, quiere casarse con la esposa del rey destituido, Bertarido, que todos creen muerto pero que en realidad huyó al exilio y ha regresado en secreto. Entre su esposo Bertarido y el cordero disfrazado de lobo que es Grimoaldo, un tirano tan aparentemente cruel como atormentado por la culpabilidad de sus propios crímenes, Rodelinda se encuentra en el centro de la historia porque todos los personajes quieren legitimar su poder casándose con ella; porque mantiene una fidelidad absoluta a su marido que no se tambalea entre las luchas intestinas de candidatos al trono que quieren utilizarla para sus propósitos; y porque es el personaje más inteligente, más capaz de comprender los puntos débiles de los demás y más hábil para manipularlos a favor de su propia estrategia.

 

En el punto culminante de la historia, Grimoaldo decide abandonar a su prometida Eduige y forzar a Rodelinda a tomarlo como esposo para legitimarse tras su golpe de estado. Rodelinda se niega y guarda luto por su esposo Bertarido, al que cree muerto. Pero, consciente de la debilidad de su posición y de que no va a poder rechazar por mucho tiempo los dictados de Grimoaldo, decide evitar una negativa taxativa para, en cambio, imponerle una condición que sabe que no sólo resultará inaceptable a alguien sin carácter como él, sino que va a provocar en el furioso cordero del tirano usurpador una auténtica crisis de ansiedad: le dice que sólo accederá a sus deseos si antes asesina a su propio hijo Flavio porque se niega a ser al mismo tiempo –le dice a la cara- la esposa del ladrón del trono y la madre del heredero legítimo de ese mismo trono. Es una Klytemnestra que se niega a casarse con Egisto durante la ausencia de Agamemnon para que Flavio, si sobrevive, no se convierta en un nuevo Oreste; ni en un Hamlet que tenga que vengar a una madre que se ha casado con el asesino de su padre. Es una mujer con un instinto infalible, consciente de que de su unión con quien ha destronado (y ella cree que asesinado) a su marido no puede surgir nada merecedor de existir. Y consciente también de que su contrincante es un aspirante a tirano que apenas disimula un bondadoso carácter de razonable gobernador provincial, realista y “charmant”, a quien le faltan muchas lecturas de textos de Maquiavelo para lograr sus ambiciosos propósitos.

 

El personaje genuinamente perverso de la historia no es Grimoaldo, que ha triunfado en su golpe de estado por circunstancias fortuitas y pese a la debilidad de su carácter, sino Garibaldo, duque de Turín, él sí con muchas lecturas de Maquiavelo a sus espaldas y con su propia estrategia para hacerse con el poder masacrando sin contemplaciones, si hace falta, a toda la familia. Sólo que la noticia de que Bertarido no ha muerto desbarata sus planes.

 

Se trata de una historia de lucha de poder que se desarrolla en un ámbito familiar, en una comunidad que constituye un mundo en sí mismo y que no deja de ser una malvada metáfora de la naturaleza humana. Por eso Claus Guth ha decidido explicar la trama de Rodelinda en un hogar familiar: una casa, un reducto de privacidad a salvo del mundo externo, en el que el personaje más desprotegido es precisamente Flavio, el hijo de Rodelinda, moneda de cambio sometida a innumerables peligros, tensiones y amenazas.

 

Casi se puede decir que el personaje principal de la ópera es ese niño que no canta pero que sufre la enorme crueldad de todos los demás personajes. Con frecuencia parece como si la historia nos fuera narrada a través de las pesadillas del pequeño Flavio, cuya madre está dispuesta a utilizar para alejar a un pretendiente despreciable y, si no lo consigue, a hacerlo asesinar y evitar que algún día comprenda la infamia a la que se ha prestado y exija venganza. Esos ojos aterrorizados perciben el hogar familiar como un espacio amenazador y lleno de peligros, que intuye sin acabar de comprender.
Rodelinda es una de las óperas más extraordinarias de Händel, con páginas que se cuentan entre las más inspiradas del compositor. Su estreno en España en esta nueva producción del Teatro Real fue un auténtico acontecimiento.

 

(Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real)

Ópera
Teatro Real
Wolfgang Amadeus Mozart
Jesús López Cobos, Emilio Sagi

No es la inspiración divina, como numerosas leyendas han propagado, sino un arduo trabajo el que lleva a Wolfgang Amadeus Mozart a buscar durante mucho tiempo un tema adecuado antes de componer Le nozze di Figaro. Otro tópico en torno a esta obra es que trata sobre los valores de la Revolución francesa, sin embargo lo que realmente subyace es el elogio del nuevo decreto sobre el matrimonio del emperador José II, el "Ehepatent" publicado en 1783. Este decreto contiene tres principios que fascinaron a Mozart: que el matrimonio se realizara por amor, que ya no se requiriera la autorización de los padres y que hubiera testigos de la boda, de ahí la hilarante escena en la ópera en la que Figaro está midiendo la habitación donde apenas cabe la cama y de repente aparece un coro de veinte personas, todas ellas testigos. Tanto Mozart como Da Ponte eran conscientes de la importancia de semejante edicto de cara a la modernización de la sociedad, pero también sabían que el impulso erótico del ser humano es difícil de domesticar, por lo que no iba a ser fácil de observar.

 

De la imposibilidad del ser humano por alcanzar la utopía nace a menudo la melancolía. Melancolía presente en la ópera porque además todos los personajes salen perdiendo: la Condesa, el amor; el Conde, el poder; Figaro, su velocidad; Cherubino, la inocencia, y Barbarina, la virginidad. Estos finos hilos que tejen la complejidad de la obra desembocan en una humanidad casi beethoveniana a través del perdón impulsado por la fuerza de las mujeres, como ocurre con las protagonistas de las películas de Almodóvar.

 

El tratamiento de los ensembles que Mozart desarrolla en esta ópera, la purificación de la melodía italiana y el perfeccionamiento de la sinfonía alemana convierten Le nozze di Figaro en una de las obras maestras cimeras de la historia del género junto a L’incoronazione di Poppea, Tristan und Isolde, Falstaff y Wozzeck.