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Alfredo Kraus en el Teatro Real (1998)

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Conciertos
1h 52m
Español , Italiano
SD
Producción

En una época marcada por las prisas y la necesidad de alcanzar inmediatamente las más rápidas metas, Alfredo Kraus supo instalar la prudencia y la mesura entre sus objetivos. La inteligencia comienza con el descubrimiento de su capacidad vocal, sigue con la elección del oportuno repertorio y termina con la controlada distribución de sus posibilidades. La coherencia de su trayecto profesional es determinante. De casi 40 roles operísticos, unos veinte bastan para cimentar su leyenda, todos cantados en italiano o francés y, por lo tanto, pertenecientes a estos repertorios. Personalidades juveniles, apasionadas y proclives al sentimiento amoroso, entidades que facilitan las mejores armas de su canto: la elegancia, la flexibilidad, la fluidez, la espontaneidad, la transparencia del sonido, la sutileza y la facilidad de ascensión al registro agudo, cualidades mantenidas impolutas, con los lógicos cambios aportados por la edad, a lo largo de su dilatada carrera.

 

Kraus nos impresiona por muchas razones, pero especialmente por la característica calidad tímbrica, la fantasía del fraseo, la exhibición de sus regulaciones, la naturalidad de su legato y la perfección de la línea.

 

Fernando Fraga 

Director musical | Rolf Reuter

Alfredo Kraus, tenor

Orquesta Titular del Teatro Real

 

Programa


I

Gioachino Rossini (1792-1868)

L’Italiana in Algeri: Obertura

Gaetano Donizetti (1797-1848)

La fille du régiment: “Ah, mes amis”

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Don Giovanni: Obertura

Friedrich von Flotow (1812-1883)

Martha: “M’apparí” (“Ach, so fromm”)

Giuseppe Verdi (1813-1901)

La forza del destino: Obertura

Pablo Sorozábal (1897-1988)

La tabernera del puerto: “No puede ser”

 

II

Georges Bizet  (1838-1875)

Carmen: 3 Preludios

Gaetano Donizetti (1797-1848)

Lucia di Lammermoor: “Tombe degli avi miei”

Daniel-François-Esprit Auber (1782-1871)

Fra Diavolo: Obertura

Francesco Cilea  (1866-1950)

L'arlesiana: “È la solita storia” (Lamento de Federico)

Gioachino Rossini (1792-1868)

Il barbiere di Siviglia: Obertura

Jules Massenet (1842-1912)

Werther: “Pourquoi me réveiller”

CONTENIDO RELACIONADO

Ópera
Teatro Real
Wolfgang Amadeus Mozart
Víctor Pablo Pérez, Lluis Pasqual

Ambientada en la España de los años 40, esta producción de Lluis Pasqual para el Teatro Real con escenografía de Ezio Frigerio y vestuario de Franca Squarciapino cuenta con un reparto de lujo encabezado por el barítono malagueño Carlos Álvarez en el papel protagonista. Sonia Ganassi como Doña Elvira, la espléndida María Bayo en el difícil papel de Doña Ana y José Bros como Don Ottavio, papel por el que recibió en 2006 el Premio Lírico del Teatro Campoamor al mejor cantante de ópera, completan el plantel estelar de esta puesta en escena de la obra de Mozart y Da Ponte, dirigida por el maestro Victor Pablo Pérez y grabada en alta definición en el Teatro Real en la temporada 2005-2006.

Ópera
Teatro Real
Gioachino Rossini
Gianluigi Gelmetti, Emilio Sagi

Protagonizada por un excelente elenco, con Juan Diego Flórez, María Bayo, Pietro Spagnoli o Ruggero Raimondi, esta producción de Il barbiere de Siviglia estrenada en el Teatro Real de Madrid, en enero de 2005, contó con la dirección musical del gran experto rossiniano Gianluigi Gelmetti y la puesta en escena de Emilio Sagi, director artístico del Teatro Real entre 2001 y 2005.

 

En esta producción, concebida como una ingeniosa “follie organizée”, todo se mueve, nada es seguro, incluyendo el decorado (completamente blanco), que se forma y transforma permanentemente delante del público, dando cobijo a las diferentes escenas de la ópera. La alegría, “el salero” y el carácter extrovertido de los sevillanos es evocado a lo largo de toda la obra a través de un minucioso trabajo dramático desarrollado por los protagonistas (todos ellos excelentes actores), el coro y los actores-bailarines que participan en la ópera, tratada como una inmensa coreografía en la que danzan también el decorado y el atrezzo.

 

Aunque la época de la trama no esté reflejada de manera explícita, toda la escenografía remite al siglo XVIII, reflejando sobre todo ese momento de inestabilidad en el que el oscurantismo del Ancien Régime da paso a la Ilustración, asomando ya el germen de la revolución burguesa que más tarde aflorará. El color y la iluminación se convierten en elementos dramáticos, más que escenográficos: el espectáculo está todo él concebido en blanco y negro, y sólo las apariciones de Rosina, con su rebeldía y ganas de vivir, introducen en la escena una nota de color, que borran inmediatamente los criados de Bartolo. Finalmente, en “la tempesta” una lluvia multicolor rompe la bicromía de la escena dando paso a una progresiva emergencia de los colores a medida que se desencadena el final de la trama.

 

La vitalidad, el bullicio y la espontaneidad de las “gentes de la calle” andaluzas, con sus sevillanas y su gestualidad de inspiración flamenca, son fundamentales en el diseño coreográfico de la ópera, llena de sorpresas, ironía y guiños cómplices al espectador.

Ópera
Inolvidables
Jules Massenet
Julius Rudel, Nicolas Joël

Massenet supo en este drame lyrique en cuatro actos que es Werther recoger ejemplarmente los recursos definitorios de tal género. La utilización de argumentos célebres, como en este caso la novela de Goethe, publicada en 1774, originaba un repertorio que no estaba tanto asentado en la creación de personajes fuertemente caracterizados entre los que se establecieran relaciones dramáticas, como en el verismo, cuanto orientado al hábil manejo de las imágenes previas que tales tramas suscitaban en el público, de modo que la obra se convertía en una antología de episodios o ilustraciones, altamente elaboradas, en las que los valores estrictamente musicales primaban sobre los teatrales.

 

La desesperación romántica del héroe goethiano, que se suicida por un amor imposible, queda suavizado por el libreto de Blau, Milliet y Hartmann, que lo conducen a la cotidianeidad y límites sentimentales propios de la pequeña burguesía. Massenet recrea admirablemente ese ámbito. El canto se adapta con perfección a las peculiaridades y acentos de la lengua francesa para lograr la máxima naturalidad del discurso, y la melodía fluye así suavemente, sin complicaciones armónicas y con un tratamiento tímbrico límpido y cuidadoso que proporciona una siempre mesurada expresión a los sentimientos de los personajes, a los que se asocian también diversos motivos, sobre los que progresa la obra. Junto a la brillantez y maestría de las arias del protagonista, como “Pourquoi me réveiller”, habría que destacar la gran escena de Charlotte al comienzo del Acto III.