PROMO RINALDO
Datos
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Rinaldo

Georg Friedrich Händel / Leonardo Leo
listado
Ópera
3h 35
Italiano
FULL HD
Español , Inglés
Producción

Por primera vez en los tiempos modernos, el Festival della Valle d'Itria presenta la versión napolitana del Rinaldo de Handel, un pastiche con encanto mediterráneo que Leonardo Leo ensambló en 1718 y que se consideró perdido hasta hace unos años.

La historia detrás de esta ópera es cautivadora: la partitura de la obra maestra de Handel fue traída ilegalmente a Nápoles por el cantante castrato Nicolò Grimaldi, quien interpretó por primera vez a Rinaldo en Londres. Una vez en Italia, Leo y otros compositores locales hicieron un refrito de la obra, que la adaptaron al gusto del público napolitano local, añadiendo algunos intermezzos y personajes divertidos.

El director Giorgio Sangati convierte esta obra en una ópera "ba-rock" ambientada en los años 80, donde la lucha entre cristianos y turcos se convierte en una batalla entre cantantes de pop-rock (los cristianos) y los de dark-metal (los turcos). Estas dos facciones representan dos perspectivas opuestas sobre el amor y la vida.

El director Fabio Luisi está al frente del Ensemble barroco La Scintilla, un grupo de especialistas en el repertorio barroco.

 

Con la colaboración de Naxos

ESTRENO DE ESPECTáCULO MODERNO DE LA VERSIÓN DE NÁPOLES DE 1718
RECONSTRUCCIÓN Y EDICIÓN CRITICA EDITION DE LA PARTITURA GIOVANNI ANDREA SECHI


Música: Georg Friederich Handel / Leonardo Leo
Orquesta: Orchestra La Scintilla
Dirección musicalr: Fabio Luisi
Dirección de escena: Giorgio Sangati


Armida: Carmela Remigio
Goffredo: Francisco Fernández
Almirena: Loriana Castellano
Rinaldo: Teresa Iervolino
Argante: Francesca Ascioti
Eustazio: Dara Savinova
Lesbina: Valentina Cardinali
Nesso: Simone Tangolo
Araldo di Argante: Dielli Hoxha
Un espíritu en forma de mujer: Kim Lillian Strebel
Mago cristiano: Ana Victória Pitts

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Contra lo habitual en las adaptaciones a libreto de ópera de grandes textos literarios, Antonio Salvi mejora el texto de Pierre Corneille que sirve de base a Haendel para componer su “Rodelinda”. El tirano Grimoaldo, que ha usurpado el trono de Lombardía, quiere casarse con la esposa del rey destituido, Bertarido, que todos creen muerto pero que en realidad huyó al exilio y ha regresado en secreto. Entre su esposo Bertarido y el cordero disfrazado de lobo que es Grimoaldo, un tirano tan aparentemente cruel como atormentado por la culpabilidad de sus propios crímenes, Rodelinda se encuentra en el centro de la historia porque todos los personajes quieren legitimar su poder casándose con ella; porque mantiene una fidelidad absoluta a su marido que no se tambalea entre las luchas intestinas de candidatos al trono que quieren utilizarla para sus propósitos; y porque es el personaje más inteligente, más capaz de comprender los puntos débiles de los demás y más hábil para manipularlos a favor de su propia estrategia.

En el punto culminante de la historia, Grimoaldo decide abandonar a su prometida Eduige y forzar a Rodelinda a tomarlo como esposo para legitimarse tras su golpe de estado. Rodelinda se niega y guarda luto por su esposo Bertarido, al que cree muerto. Pero, consciente de la debilidad de su posición y de que no va a poder rechazar por mucho tiempo los dictados de Grimoaldo, decide evitar una negativa taxativa para, en cambio, imponerle una condición que sabe que no sólo resultará inaceptable a alguien sin carácter como él, sino que va a provocar en el furioso cordero del tirano usurpador una auténtica crisis de ansiedad: le dice que sólo accederá a sus deseos si antes asesina a su propio hijo Flavio porque se niega a ser al mismo tiempo –le dice a la cara- la esposa del ladrón del trono y la madre del heredero legítimo de ese mismo trono. Es una Klytemnestra que se niega a casarse con Egisto durante la ausencia de Agamemnon para que Flavio, si sobrevive, no se convierta en un nuevo Oreste; ni en un Hamlet que tenga que vengar a una madre que se ha casado con el asesino de su padre. Es una mujer con un instinto infalible, consciente de que de su unión con quien ha destronado (y ella cree que asesinado) a su marido no puede surgir nada merecedor de existir. Y consciente también de que su contrincante es un aspirante a tirano que apenas disimula un bondadoso carácter de razonable gobernador provincial, realista y “charmant”, a quien le faltan muchas lecturas de textos de Maquiavelo para lograr sus ambiciosos propósitos.

El personaje genuinamente perverso de la historia no es Grimoaldo, que ha triunfado en su golpe de estado por circunstancias fortuitas y pese a la debilidad de su carácter, sino Garibaldo, duque de Turín, él sí con muchas lecturas de Maquiavelo a sus espaldas y con su propia estrategia para hacerse con el poder masacrando sin contemplaciones, si hace falta, a toda la familia. Sólo que la noticia de que Bertarido no ha muerto desbarata sus planes.

Se trata de una historia de lucha de poder que se desarrolla en un ámbito familiar, en una comunidad que constituye un mundo en sí mismo y que no deja de ser una malvada metáfora de la naturaleza humana. Por eso Claus Guth ha decidido explicar la trama de “Rodelinda” en un hogar familiar: una casa, un reducto de privacidad a salvo del mundo externo, en el que el personaje más desprotegido es precisamente Flavio, el hijo de Rodelinda, moneda de cambio sometida a innumerables peligros, tensiones y amenazas.

Casi se puede decir que el personaje principal de la ópera es ese niño que no canta pero que sufre la enorme crueldad de todos los demás personajes. Con frecuencia parece como si la historia nos fuera narrada a través de las pesadillas del pequeño Flavio, cuya madre está dispuesta a utilizar para alejar a un pretendiente despreciable y, si no lo consigue, a hacerlo asesinar y evitar que algún día comprenda la infamia a la que se ha prestado y exija venganza. Esos ojos aterrorizados perciben el hogar familiar como un espacio amenazador y lleno de peligros, que intuye sin acabar de comprender.
“Rodelinda” es una de las óperas más extraordinarias de Händel, con páginas que se cuentan entre las más inspiradas del compositor. Su estreno en España en esta nueva producción del Teatro Real es un auténtico acontecimiento.

Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real

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El genio musical de Händel y la fantasía extraída de Orlando furioso, el poema épico de Ludovico Ariosto en el que se inspira la historia, convierten a Alcina en una de las más populares óperas del compositor sajón –junto a Ariodante y Orlando, también inspiradas en esta cumbre de la literatura universal– que estrenó en el Covent Garden en 1735. La historia, de ecos homéricos, de la maga Alcina que atrae a los héroes a su isla para seducirles y convertirles después en parte del paisaje, y la lucha de Ruggiero y Bradamante para librarse de la maligna bruja, siguen cautivando por la sutil metáfora que encierra sobre los espejismos que crean el amor y la pasión. En la puesta en escena de David Alden, que debuta en el Teatro Real, el reino mágico de Alcina es el del teatro, construido con referencias al cine de Hollywood, a la revista y a la comedia musical. El final aparentemente feliz en el que Ruggiero se casa de manera totalmente convencional con Bradamante en un barrio periférico, inspira la nostalgia del mundo del teatro en el que reinaba la maga.

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El director escénico de Pittsburgh presenta en el Teatro Real su versión de la partitura de Henry Purcell con textos de la novela "La niña blanca y los pájaros sin pies", de la escritora nicaragüense Rosario Aguilar, y canciones e himnos del propio autor inglés con textos de Katherine Phillips y George Herbert, entre otros.

La producción, que cuenta con la colorida escenografía de Gronk y la dirección musical de Teodor Currentzis al frente de su grupo MusicAeterna, da voz a esas mujeres -tanto indígenas como colonizadoras- que también fueron protagonistas en la conquista de América, pero que nunca aparecen en las crónicas y relatos oficiales de la época.

Sellars ha sabido adaptar el evocador y alegórico mundo mágico que pintó el compositor inglés, en un marco pefecto para mostrar con total libertad las emociones más hondas y recónditas del ser humano desde una perspectiva femenina que siempre fue omitida.

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El monasterio franciscano de Santo Toribio, situado en la comarca cántabra de la Liébana, en las estribaciones de los Picos de Europa, es uno de los principales lugares santos del catolicismo junto con Roma, Santiago, Caravaca y Asís y, como ellos, es un importante centro de peregrinación. El lignum crucis que custodia está considerado por la Iglesia como el fragmento más grande que se conserva de la cruz de Jesucristo. El monasterio alberga además obras del Beato de Liébana, autor de los célebres manuscritos miniados del Comentario del Apocalipsis. Cada siete años, cuando la festividad de Santo Toribio coincide en domingo, como ocurrió en 2017, se celebra el Año Jubilar Lebaniego, que comprende multitud de iniciativas de tipo cultural. Una de ellas fue este concierto especial en celebración del Año Jubilar que se celebró el 13 de julio de ese año con el patrocinio de Viesgo. El concierto fue interpretado por la Camerata Viesgo bajo la dirección del maestro Péter Csaba. El programa consistía en un recorrido por la música instrumental del siglo XVIII. Sonó el segundo de los Conciertos op. 6 de Arcangelo Corelli, que vienen a ser el acta de nacimiento de una forma musical clave del periodo barroco: el concerto grosso. De Georg Philipp Telemann, se tocó uno de los muchísimos conciertos que escribió con esta misma forma. De Georg Friedrich Händel se incluyó un ejemplo de otra de las formas musicales más importantes de ese periodo: la sonata en trío. Se programó también una sonata de Carl Philipp Emanuel Bach, que mira ya a un tiempo nuevo, el mismo al que el padre Antonio Soler abrió las puertas del madrileño monasterio de el Escorial. De Soler se oyó una de sus obras maestras: el Fandango para clave. Un detalle interesante de este concierto es que las obras están ordenadas en orden cronológico inverso, empezando por el Soler postbarroco y terminando con el pionero Corelli.

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Fiel a su trayectoria, y a su compromiso con la música en vivo, para la que siempre busca la colaboración y complicidad de artistas de primera línea, Mark Morris cuenta en este espectáculo con la presencia de las sopranos Sarah-Jane Brandon y Elizabeth Watts, el tenor James Gilchrist y el bajo Andrew Foster-Williams, quienes, junto al Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, interpretan la bella partitura de Händel L'Allegro, il Penseroso ed il Moderato bajo la dirección de la maestra Jane Glover. Juntos ponen en pie esta producción, dividida en dos actos, en la que el coreógrafo recrea 32 escenas inspiradas en pinturas de William Blake.

En esta creación predomina la presencia del grupo, la estructura coral, marcada por pasos vitales y espontáneos. Trazados básicos que caminan desde la melancolía inicial hacia una energía contagiosa, donde el colectivo predomina sobre el individuo, convenciendo a este de la alegría plena que el ser humano siente cuando es parte de algo.

 

* Título disponible solo en países no UE,  a excepción de España

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Georg Friedrich Häendel
Mauricio Wainrot, Carlos Gallardo, ELI SIRLIN

Wainrot ha relatado que crear una obra coreográfica con un tema como “El Mesías”, surgió por diferentes necesidades y en el estreno en Buenos Aires en el año 1999 escribió en el programa de mano:  ¨Siento que, en este fin de milenio, por ser destacados protagonistas de una fecha y evento semejante, nos hace de alguna manera ser testigos y partícipes privilegiados del hecho. Será tal vez una fecha meramente estadística, pero que sin duda posee una carga emotiva y mística del mayor voltaje. “El Mesías” representa para mí, en este especial momento, una mirada a nuevas y-o viejas utopías, una mirada hacia nuestro interior, una necesidad de volver a escuchar nuestros íntimos silencios y de acercamiento a los otros, especialmente a los seres más cercanos, a esos que amamos, a los que comparten nuestra historia y destino y a los que fueron y son testigos de tantas alegrías como penurias. Crear El Mesías, ha sido una experiencia personal que me conmueve poder participar con todos¨.

La obra se desarrolla en una maravillosa atmósfera creada por la escenografía y el vestuario de Carlos Gallardo, donde todo es de suma claridad, diáfano como un cielo -piso, fondo, bancos, vestuarios y la caja escenográfica que la contiene- brindando un perfecto marco para mi ballet.